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Pequeñas manías…

septiembre 16, 2014

por Miguel Malo Urriés

Ahí va un caso clínico reciente de un atleta que desde hace unas temporadas presenta un dolor recurrente en la región del antepié izquierdo (aproximadamente sobre las cabezas de los metatarsianos) al realizar series intensas en pista con zapatillas de clavos.

La localización de los síntomas evidencia que el origen del dolor está en estructuras articulares del arco transverso del pie (articulaciones intermetatarsianas), con una provocación de los síntomas al aumentar el arco pasivamente.

Al explorar su función en carga y en descarga se evidencia una tendencia a la hipermovilidad de todo el antepié izquierdo, especialmente en las articulaciones intermetatarsianas.

En base a estos hallazgos proponemos un tratamiento de prueba. Buscando un efecto inmediato del tratamiento, colocamos un vendaje funcional buscando una estabilización del arco transverso del pie izquierdo. La respuesta al tratamiento de prueba es muy positiva, ya que permite realizar series de entrenamiento sin ningún dolor.

Confirmadas todas las sospechas, pensamos en los 4 puntos del tratamiento de la hipermovilidad: 1. Estabilización pasiva; 2. Estabilización activa; 3. Movilización de hipomovilidades adyacentes; 4. Informar e instruir al paciente. Así pues, el tratamiento se va a basar en una estabilización pasiva del arco transverso del pie mediante el vendaje funcional. Las articulaciones adyacentes las estructuras estabilizadoras activas presentan una función normal, por lo que no consideramos que deban ser uno de los objetivos del tratamiento. Finalmente se pasa a explicar al paciente la fisiopatología de sus síntomas y cómo la estabilización del antepié durante las actividades que más lo estresan puede permitirle entrenar de forma totalmente asintomática.

Al día siguiente nos cuenta que pudo entrenar con total normalidad sin ningún tipo de síntomas, pero lo más interesante… por la noche, después de entrenar, se sentó en su silla a estudiar y adoptó la misma postura que cada noche: las piernas ligeramente cruzadas y el pie derecho presionando sobre el pie izquierdo que apoya en el suelo con el quinto dedo. Probó a colocar el pie derecho bajo el izquierdo y sintió que esa era una posición incómoda, que de forma instintiva se colocaba con el derecho sobre el izquierdo. Y de repente lo vio claro! Ahí estaba el origen de sus problemas. Hasta ahora, nunca había pensado en esa postura, pero quizás el conocer los posibles mecanismos lesionales de su antepié haya hecho que en tan solo unas horas, haya llegado por sí mismo al origen del problema.

Es un caso muy ilustrativo de la importancia de pequeñas posiciones, gestos, manías… que aunque supongan un estrés mínimo para el cuerpo, pueden llegar a provocar grandes cambios en el cuerpo (como un gota a gota que agujerea una roca). Pero además, hace pensar sobre la importancia de que nuestros pacientes estén bien in-formados, para poder contribuir a su propia exploración y tratamiento. Es probable que, en este caso, si nos hubiéramos limitado a estabilizar su articulación con un vendaje, los síntomas se hubieran aliviado durante la actividad, pero nunca hubiéramos llegado a detectar un factor tan importante como la postura sentada, que a largo plazo puede ser clave.

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